19 de enero de 2017

Un ladrón del tiempo: Procrastinación

¿Usualmente te sucede que tienes que empezar a realizar o completar alguna actividad importante en cierto plazo de tiempo, pero lo has postergado en diversas ocasiones dejándolo “para después” por diferentes motivos?


La pregunta anterior puede asociarse directamente con la palabra procrastinación, sin embargo antes de entrar en materia, observa detenidamente la siguiente imagen: 

Y bien, si con esta imagen te has sentido identificado y sueles hacerlo muy seguido,  lamento decirte que tiendes a procrastinar, pero te estarás preguntando ¿qué es eso? 

De acuerdo a la Real Academia Española, la palabra proviene del latín procrastinare que quiere decir diferir, aplazar o posponer, aunado a ello, desde la psicología se entiende como la tendencia o el hábito de una persona de postergar actividades prioritarias a través de otras innecesarias (como las que se observan en la imagen anterior, por mencionar algunas) que impiden  el alcance de una meta en concreto, esta conducta puede presentarse en diversas situaciones de la vida cotidiana a nivel personal, laboral o escolar, afectando con ello la productividad de una persona, derivando casi siempre en estragos de ansiedad, estrés innecesario y/o frustración.

Todos en algún momento de nuestras vidas hemos procrastinado, sin embargo es aquí donde cabe la ya tan conocida frase de: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy” y es que cuando una persona procrastina suele tener la ideología de que puede mantener todo en control o calma “dejándolo todo para mañana”,  lo cierto es que no es así, ya que dicha conducta puede deberse a diversos factores tales como una falta de sensación de auto control, falla en la administración de su tiempo, falta de motivación o agrado por la actividad en cuestión, indecisión, incertidumbre, exceso o escasa auto confianza,  poca tolerancia a la frustración, o en caso contrario, que guste de mantenerse bajo presión con el fin de alcanzar su meta e incluso factores de índole personal, esto  por mencionar algunos; lo cierto es que todos estos factores y el hecho de dejar todo para después, puede conducir a una persona a tener pensamientos negativos sobre su capacidad de alcanzar un objetivo, miedo, insatisfacción y más aún cuando se trata de actividades con un alto grado de responsabilidad. 

Asimismo en ocasiones la tendencia de procrastinar se asocia con la creencia que los lapsos mayores de entrega para un trabajo, te van a permitir hacer todo a tiempo, lo cierto es que en ese transcurso de tiempo puedes ir perdiendo el interés en dicha actividad y cuando llega el tiempo de entrega posiblemente tenga mayor ocurrencia de errores o falta de éxito en el mismo (no siempre es así).

Entonces, ¿qué podemos hacer para evitar procrastinar, y mantener un estado de bienestar mental  que coadyuve a una productividad y realización de tus tareas en tu día a día, evitando con ello que pendientes o labores se te acumulen?
Bien, pues algunas de las opciones que pueden ser de utilidad para reducir el hábito o tendencia de procrastinar son los siguientes:
  •      Aprende a gestionar tu tiempo. Si bien es cierto es que las personas no somos máquinas que requieren mantenerse en productividad  todo el tiempo durante una jornada de trabajo, por lo que es acertado brindarse unos cuantos lapsos de descanso al día, pero sin dejar que esos “tiempos libres” afecten esa actividad tan relevante que tienes por realizar. Date una pausa de 5 a10 minutos, camina, estírate, ve por un café o agua, despeja tu mente reduciendo con ello algún malestar de tensión que pudiera estarse presentando.
  •     Procura mantener alejados distractores en tu área de trabajo. Si te es necesario el internet, por ejemplo para estar mandando correos, enfócate que es sólo para ello, evita estar buscando cosas innecesarias en la red que interfiera con tus actividades. A su vez, trata de mantener cerradas sesiones de Facebook, Twitter o mantener chats en silencio que sean un propulsor a distraerte constantemente, sobre todo ante actividades que consideres muy complicadas, sin embargo si tanta es tu inquietud de querer “conectarte con el mundo” puedes premiarte con una pausa de aproximadamente 10 minutos y dedicárselo a dichas redes, esto por cada 1 o  2 horas de actividad relevante que estés realizando, así puedes estar satisfecho con ambas partes, (ojo, no te excedas de esa pauta que te estás permitiendo, ya que es una forma de auto control).
  •     Realiza una lista de actividades por día, procurando poner las de mayor importancia en primer orden y así subsecuentemente, aunado a ello, intenta que estas listas sean cortas ya que te permitirá enfocarte más fácilmente en tus próximas acciones. Toma en cuenta imprevistos.  
  •     Aprende a decir no, en ocasiones solemos adjudicarnos compromisos o responsabilidades que van más allá de nuestros límites y no sabemos decir que no, y por temor a pedir ayuda o delegar funciones, puede conducir a estados de estrés severos.
  •     Modifica pensamientos, si tu idea es dejar para otro día lo que estés realizando, intenta ponerte fechas límites personales para hacerlo, velo como un reto y hazlo divertido, ya que usualmente cuando hacemos de una rutina aburrida es mayor la tendencia a abandonar esa actividad o postergarla por mayor tiempo. 
Para terminar, no busques excusas, es cierto que lo más difícil es arrancar con un objetivo importante, pero una vez que tomas la decisión de aceptar el reto de llevarlo a cabo, aplica el rumbo en ello, no permitas que la procrastinación sea un ladrón de tu tiempo. 




9 de enero de 2017

El Síndrome Postvacacional.



Bien dicen por ahí  “todo tiene su final, nada dura para siempre” y en esta ocasión las fiestas decembrinas y con ello el periodo vacacional, que afortunadamente  o no, tuvieron algunos trabajadores y/o profesionistas, ha llegado a su término, conllevando a retomar las actividades diarias que usualmente se tienen. 

Dicha situación puede resultar reconfortante o emocionante para algunas personas,  ya que implica volver a estar en actividad constante o trabajo que goce en su día a día y más aún cuando se tiene un ambiente laboral o profesional agradable, lo cual contribuye a sentirse motivado, alegre y con energía, promoviendo un estado de bienestar mental y físico saludable. Sin embargo, cuando la situación en este plano es todo lo contrario, solemos escuchar frases tales como: “De vuelta a la rutina y al ajetreo diario”, “Levantarse temprano de nuevo, ash que flojera”, “Volver a verle las caras al jefe o a fulanito”, “De vuelta al estrés del tráfico o lentitud del transporte”, “Retomar los pendientes que tengo y con el jefe encima” y así,  una serie interminable de frases que pueden estar anticipándonos a un regreso poco optimista a la jornada laboral diaria.



Y es que el regreso de las vacaciones implica en pocas palabras “adaptarse” de nueva cuenta a la vida laboral que habitualmente se tiene, llevando consigo exigencias o responsabilidades, que en ocasiones no se toma de forma positiva y por ende pueden presentarse sentimientos de apatía o irritabilidad, siendo que cuando estos se manifiestan por unos días, puede hablarse de síndrome postvacacional.

Para esto, se preguntarán ¿qué es el Síndrome postvacacional? Bueno pues como se da a entender anteriormente, es una forma de resistencia a retomar las actividades diarias, a través de un conjunto de síntomas tanto a un nivel psicológico como físico, lo cual puede repercutir en el rendimiento de quien lo presente  en los primeros días de trabajo, siendo entonces que las manifestaciones pueden ir desde falta de ánimo para realizar las cosas, poca tolerancia hacia actividades o hacia las personas que se encuentran a su alrededor, preocupaciones, fatiga o debilidad, dificultad de concentración, somnolencia, actitudes de enfado, falta de apetito, dolores musculares o estomacales, entre otros., dichos síntomas es posible que vayan disminuyendo una vez que la persona se vaya habituando a los horarios que usualmente tenía. 

Asimismo cabe mencionar que dicho síndrome no está considerado como tal una enfermedad, y a su vez, no todos llegan a presentarlo, sin embargo hay una mayor probabilidad que lo manifiesten aquellas personas que no sienten del todo agrado por su trabajo, quienes tienen largas y extenuantes jornadas laborales o bien que las relaciones laborales o incluso el ambiente laboral no es del todo satisfactorio para la persona, entre otras situaciones. 

Por otro lado, también podría llegar a presentarse en aquellas personas que vienen de un periodo vacacional muy largo, ya que en vacaciones cambian totalmente los hábitos, principalmente de hambre y sueño, por lo que adaptarse de nuevo cuesta trabajo y digo ¿a quién no le costaría trabajo levantarse de nueva cuenta temprano, después de que se estuvo despertando a la 1 de la tarde? (según aplique el caso, claro está), por lo que para evitar estos pequeños inconvenientes y andar como zombie en la oficina o donde se realice la jornada, es recomendable que días antes de regresar a las actividades laborales se respete un horario de sueño y tratar de dormir bien, por otro lado, no regresar de tus vacaciones un día antes de volver a trabajar, lo mejor es hacerlo unos días antes para poder retomar poco a poco las horas habituales de alimento y sueño. A su vez, puedes considerar lo siguiente:


*Antes de iniciar tu jornada laboral, intenta de hacer una lista de pendientes o actividades que vayan desde lo prioritario hacia lo que puede esperar un poco más de tiempo y con ello llevar un plan organizado, sobre todo los primeros días. 

*En la medida de lo posible ir regulando la intensidad de la actividad laboral, por lo que intentar no abarcar todo el trabajo pendiente de un solo golpe, procurar realizarlo paulatinamente para así no entrar en un estado de estrés o conflicto que afecte la culminación del mismo. 

*Una vez que empieces tu día laboral, tratar de mantener tu espacio de trabajo ordenado, esto con el fin de no tener una percepción de caos o desorden que repercuta en tu desempeño. 

*Moderar el consumo de cafeína y procurar alimentarse bien. 

*Tratar de mantener una actitud entusiasta y ver el regreso a la jornada laboral como una oportunidad de implementar nuevas ideas. 

*En la medida de lo posible, intentar respetar tus horarios de salida, con el fin de que tengas un periodo mas largo de descanso una vez concluida tu jornada de trabajo. 

*Entre semana, intentar planificar actividades de ocio saludables ya sea solo, con la familia, pareja o amigos que te permitan mantener la mente un poco alejada del trabajo. 

* Procurar no llevar trabajo a casa.

* Y para concluir, intentar regresar a tus actividades habituales con una actitud positiva, después de todo las vacaciones pueden haber contribuido a recargarse un poco las energías, mismas que pueden verse reflejadas en tu persona, en el desempeño de tus actividades e incluso al relacionarte con las personas que te rodeen. 



"Una actitud positiva provoca una reacción en cadena de pensamientos, eventos y resultados. Es un catalizador y desata extraordinarios resultados" 
Wade Boggs.